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52. Felicitas Guerrero



Felicitas Guerrero y Enrique Ocampo:
una historia de amor que terminó en tragedia
(el femicidio que se convirtió en leyenda)

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Felicitas Guerrero y el lugar de la mujer en nuestra historia
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Felicitas Guerrero: una historia de amor, imposición y tragedia

Resumen basado en el capítulo «Felicitas Guerrero»
de Amores que matan, de Agustina González Carman.

Felicitas Guerrero nació en Buenos Aires en 1846. Pertenecía a una familia rica y conocida.

Cuando era muy joven, su familia decidió que se casaría con Martín de Álzaga. Felicitas tenía solamente 16 años. Al principio no estaba segura de querer casarse, pero finalmente aceptó.

Después de la boda, Felicitas comenzó una nueva vida. Con el tiempo aprendió a querer a su marido y tuvieron un hijo llamado Félix.

Pero Felicitas sufrió varias pérdidas. Su pequeño hijo murió durante una epidemia de fiebre amarilla. Poco después, perdió también a otro hijo que nació sin vida. Y, unos días más tarde, murió Martín de Álzaga.

Felicitas quedó viuda y sola, pero decidió seguir adelante. Comenzó a ocuparse de sus campos y de sus negocios. Era una mujer con mucha energía y quería tomar sus propias decisiones.

Después de un tiempo volvió a conocer el amor. Se enamoró de Samuel Sáenz Valiente, un hombre con quien pensaba casarse.

Pero había otro hombre que estaba obsesionado con ella: Enrique Ocampo. Ocampo ya había intentado acercarse a Felicitas varias veces. Ella no quería estar con él y tenía miedo de su comportamiento.

Un día, cuando Felicitas estaba en su casa, Ocampo apareció. Felicitas le dijo claramente que no quería estar con él y que iba a casarse con Samuel.

Ocampo se enojó y sacó un arma. Le disparó a Felicitas.

Felicitas murió el 30 de enero de 1872. Ocampo también murió ese día.

Después de su muerte, la historia de Felicitas siguió siendo recordada en Buenos Aires. En el lugar donde había vivido se construyó la iglesia de Santa Felicitas.

Su historia muestra una vida marcada por el amor, las pérdidas, las decisiones familiares y también por la violencia de un hombre que no aceptó que ella pudiera elegir libremente.


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Felicitas Guerrero: resumen ampliado

Felicitas Guerrero nació en Buenos Aires, en una época en la que las mujeres de las familias acomodadas tenían pocas posibilidades de decidir sobre su propio futuro. La sociedad esperaba que fueran buenas esposas y madres, y sus matrimonios solían depender de las decisiones de sus padres. En ese contexto, la belleza femenina era considerada una ventaja, porque podía facilitar un buen casamiento. Sin embargo, la historia de Felicitas muestra que esa belleza también podía convertirse en una carga y atraer situaciones de violencia.
Su padre, Manuel José Cueto, era un comerciante adinerado. En noviembre de 1842, Felicitas conoció a Carlos José Guerrero durante el Corso de las Flores. Carlos, un joven español que había llegado a Buenos Aires para progresar económicamente, se enamoró de ella. Aunque Felicitas tenía novio y sus padres pensaban casarla con otro hombre, entre ambos surgió un sentimiento amoroso.
Carlos comenzó a escribirle cartas que Felicitas guardaba en secreto. Cuando su padre descubrió esas cartas, le prohibió continuar la relación. La joven se entristeció y les suplicó a sus padres que le permitieran casarse con Carlos. Finalmente, aceptaron, pues consideraban que él era un buen partido. El 11 de enero de 1845, Felicitas Cueto se convirtió en la esposa de Carlos José Guerrero.
La pareja se instaló en una casa de la calle México, que había sido un regalo del padre de Felicitas. Con el tiempo, tuvieron once hijos. Felicitas era una mujer alegre y dedicada a su familia. También sentía un gran cariño por Edelmira, la mujer que trabajaba como criada en su casa y que se convirtió en una persona de su confianza.
Sin embargo, el matrimonio no significaba que Felicitas pudiera decidir libremente sobre su vida. Al cumplir quince años, comprendió que estaba ingresando en la etapa en la que su familia esperaba que se comportara como una mujer adulta, es decir, que asumiera las obligaciones de esposa y madre. Su historia personal quedaba así ligada a las expectativas sociales impuestas a las mujeres.
Uno de los hombres que formaba parte del círculo de su familia era Martín Gregorio de Álzaga, amigo íntimo de Carlos Guerrero. Martín era un hombre poderoso, dueño de importantes propiedades rurales. Tras la muerte de Carlos, Felicitas se casó con él. Aunque había aprendido a querer a su marido, la relación no había nacido de una pasión semejante a la que ella observaba en otras parejas. Felicitas había sido educada para aceptar las decisiones familiares, incluso cuando no coincidían con sus deseos.
Con Martín tuvo hijos y construyó una vida familiar. Sin embargo, su destino volvió a cambiar cuando su pequeño Félix enfermó gravemente de fiebre amarilla. Durante varios días, Felicitas permaneció junto a la cama de su hijo, sin separarse de él. Aunque el niño pareció mejorar por un momento, la enfermedad regresó con mayor fuerza. Finalmente, Félix murió el 3 de octubre de 1869, cuando tenía apenas tres años.
La muerte de su hijo sumió a Felicitas en una profunda tristeza. Durante semanas apenas pudo levantarse de la cama. Sentía que había perdido el sentido de su vida. Solo cuando sus seres queridos le recordaron que estaba embarazada de otro niño encontró una razón para intentar recuperarse. Martín también sufría por la pérdida, aunque soportaba su dolor en silencio.
Poco tiempo después, otra tragedia golpeó a Felicitas: quedó viuda. La pérdida de su marido la enfrentó a una situación para la que no había sido preparada. Su padre consideraba que una mujer no debía ocuparse de los negocios de un hombre, pero Felicitas quería trabajar y tomar sus propias decisiones. Cansada de la vida social y del ocio, decidió instalarse en la estancia La Postrera para administrar las tierras y ocuparse de las tareas rurales.
Al principio, encontró numerosas dificultades. Algunos trabajadores se resistían a obedecerla porque no aceptaban que una mujer dirigiera el campo. Pero Felicitas no se dejó vencer. Estudió sobre ganadería, comercio e industrias, convencida de que el conocimiento le permitiría defenderse de quienes dudaban de sus capacidades. Poco a poco, comenzó a desenvolverse con mayor seguridad y encontró en el trabajo una forma de independencia.
Mientras tanto, su belleza se había convertido en tema de conversación en Buenos Aires. Los periódicos llegaron a presentarla como «la mujer más hermosa de la República». Muchos hombres comenzaron a cortejarla. Entre ellos estaba Enrique Ocampo, un hombre que despertaba en Felicitas una mezcla de atracción y temor. Ocampo no aceptaba con facilidad que ella pudiera rechazarlo y pretendía imponerse en su vida.
Felicitas intentó continuar adelante. Durante un viaje por el campo conoció a Samuel Sáenz Valiente, un joven estanciero que la recibió en su propiedad cuando una tormenta sorprendió al grupo con el que viajaba. Durante los días que compartieron, ambos conversaron, pasearon y se enamoraron. Por primera vez en mucho tiempo, Felicitas sintió que podía volver a experimentar la felicidad. Samuel le propuso matrimonio y ella aceptó.
Pero Enrique Ocampo no estaba dispuesto a tolerar que Felicitas eligiera a otro hombre. El 30 de enero de 1872, cuando la joven se preparaba para celebrar una cena con su familia y su prometido, Ocampo se presentó en su casa. Felicitas decidió recibirlo, a pesar de las advertencias de su amiga Albina.
Durante la conversación, Ocampo le confesó que la amaba. Felicitas lo rechazó y le dejó en claro que era dueña de su propia vida y que se casaría con Samuel, aunque a él no le gustara. Le ordenó que se marchara de su casa.
La respuesta de Felicitas desencadenó la violencia. Ocampo sacó un arma y le disparó cuando ella intentaba escapar. Al escuchar el disparo, Bernabé Demaría y su hijo entraron en la habitación y encontraron a Felicitas gravemente herida. Ocampo, antes de que pudieran detenerlo, se disparó en la cabeza. Felicitas murió como consecuencia del ataque.
Su asesinato conmocionó a la sociedad porteña. La historia de la joven viuda, que había sufrido la pérdida de su hijo y de su marido, había intentado reconstruir su vida y finalmente había encontrado un nuevo amor, terminó de manera violenta. El hombre que la mató no aceptó que ella pudiera elegir con quién casarse ni que rechazara sus pretensiones.
El capítulo concluye con una reflexión sobre la violencia contra las mujeres. Durante mucho tiempo, asesinatos como el de Felicitas fueron llamados «crímenes pasionales», una expresión que podía presentar la violencia como consecuencia del amor o de los celos. La mirada actual permite reconocer que se trató de un asesinato atravesado por la desigualdad entre hombres y mujeres y por la pretensión masculina de controlar la vida de una mujer.
En la memoria popular, Felicitas quedó asociada a una leyenda: se cuenta que su espíritu llora cada 30 de enero cerca de la iglesia de Santa Felicitas, construida en Barracas en recuerdo de ella y de su familia. También se dice que las personas enamoradas acuden allí para pedir por su felicidad amorosa. Así, la joven que no pudo vivir libremente el amor que había elegido terminó convertida, simbólicamente, en una protectora de los enamorados.
La historia de Felicitas Guerrero es trágica porque, después de atravesar pérdidas profundas y luchar por reconstruir su vida, encontró la muerte precisamente cuando intentaba ejercer su libertad. Su destino pone en evidencia una sociedad que reconocía a las mujeres como esposas y madres, pero que no siempre respetaba su derecho a decidir. El desenlace muestra que el amor no puede justificar la posesión ni la violencia: cuando un hombre considera que tiene derecho sobre una mujer, el rechazo puede convertirse, como en esta historia, en una sentencia mortal.

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 Ficha de lectura, para completar:

1. Título de la obra / relato:
2. Autora / autor / fuente:
3. Personaje principal:
4. Otros personajes importantes:
5. Lugar donde transcurre la historia:
6. Época / contexto histórico:
7. Problema o conflicto central:
8. Decisiones que toma la protagonista:
9. Final de la historia:
10. Tu opinión personal / reflexión:


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Material complementario
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